Vacunar es prevenir: guía para padres y profesionales de la salud
La Dra. Valerie Molina, quien forma parte del programa de residencia del Recinto de Ciencias Médicas, abordó recientemente un tema de vital importancia en la salud infantil: la vacunación de niños de 0 a 5 años. Este periodo es crucial para establecer una base sólida de inmunidad que protegerá a los pequeños contra diversas enfermedades infecciosas, algunas de las cuales pueden tener consecuencias graves o incluso ser mortales.
Como subraya la Dra. Molina, «vacunar no solo beneficia al niño, sino también a la comunidad en general». La vacunación es una herramienta esencial para la salud pública que contribuye a la creación de una inmunidad de rebaño, lo que reduce la propagación de enfermedades y protege a los más vulnerables en la sociedad.
Calendario de vacunación del CDC: una guía esencial
El calendario de vacunación recomendado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) es una herramienta fundamental para los padres y los profesionales de la salud. Este calendario detalla las vacunas necesarias desde el nacimiento hasta los primeros cinco años de vida, y se actualiza periódicamente para reflejar los últimos avances en la medicina preventiva.
«Aunque aquí se vea pequeña, esta tabla es bastante extensa», explica la Dra. Molina, refiriéndose a la representación visual del calendario.
Desde el momento en que un bebé nace, se le administra la primera vacuna, que es la hepatitis B, siempre y cuando la madre firme el consentimiento para que se le aplique en el hospital. La Dra. Molina menciona que «la hepatitis B es una vacuna crucial, ya que protege contra una infección viral que puede llevar a complicaciones graves como cáncer y cirrosis«. A los dos meses de vida, se continúa con la segunda dosis de hepatitis B, junto con otras vacunas importantes como la vacuna contra el rotavirus, la DTaP (que protege contra la difteria, el tétanos y la tosferina), y la vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo B (Hib).
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Importancia de seguir el calendario de vacunación
El proceso de vacunación continúa a lo largo del primer año de vida y es crucial que se sigan las recomendaciones del calendario de vacunación. La Dra. Molina enfatiza que «retrasar las vacunas no es lo recomendado». El motivo de seguir el calendario es doble: primero, para proteger al niño en el momento en que está más vulnerable a ciertas enfermedades, y segundo, para asegurar que las vacunas se administren en sincronía con el desarrollo del sistema inmunológico del niño.
Es en el cuarto mes cuando se repiten las dosis de varias vacunas, incluyendo las de rotavirus, neumococo, poliomielitis inactivada y la influenza. «La influenza sigue siendo una preocupación anual, por lo que la vacuna debe administrarse nuevamente cada año», añade la Dra. Molina.
Al llegar al sexto mes, además de la tercera dosis de la vacuna contra el rotavirus, si se está utilizando la versión de tres dosis, también se repiten las vacunas contra la influenza y el neumococo, y se introduce una nueva: la vacuna contra el COVID-19. «La introducción de la vacuna contra el COVID-19 en el calendario de vacunación infantil es un paso importante en la lucha continua contra la pandemia», comenta la Dra. Molina, subrayando la importancia de vacunar a los niños contra este virus que ha afectado al mundo entero.
Protección contra enfermedades graves
El objetivo principal de las vacunas es proteger contra enfermedades graves que pueden tener consecuencias devastadoras para los niños y sus familias. Una de las enfermedades más peligrosas que se previene con la vacunación es el sarampión, una infección viral altamente contagiosa que puede causar erupciones en la piel, conjuntivitis y fiebre alta. En casos severos, el sarampión puede llevar a complicaciones como la encefalitis, que es una inflamación del cerebro, o incluso a la ceguera. «El sarampión es más que una simple erupción cutánea; es una enfermedad potencialmente mortal que puede tener efectos devastadores si no se previene con la vacunación», advierte la Dra. Molina.
Otra enfermedad que se previene con la vacunación es la poliomielitis, un virus que en décadas pasadas causó epidemias que dejaron a muchos niños con parálisis permanente. Aunque es menos común hoy en día gracias a la vacunación, sigue siendo una amenaza en algunas partes del mundo. La Dra. Molina explica que «la poliomielitis es un recordatorio de lo crucial que es mantener altas las tasas de vacunación para evitar el resurgimiento de enfermedades que antes eran comunes».
La DTaP protege contra tres enfermedades bacterianas peligrosas: la difteria, el tétano y la tosferina. «La difteria produce una placa en la garganta que puede causar dificultades para tragar y respirar», señala la Dra. Molina, mientras que el tétano provoca contracciones musculares dolorosas que pueden ser mortales si afectan la respiración. La tosferina, también conocida como pertussis, es especialmente peligrosa para los bebés, ya que puede causar ataques de tos incontrolables que dificultan la respiración.
La hepatitis B, como se mencionó anteriormente, es una infección viral que afecta al hígado y puede llevar a complicaciones graves como el cáncer hepático y la cirrosis. Además, la vacuna contra la influenza es vital, ya que esta infección respiratoria puede desencadenar complicaciones como la otitis, la meningitis (inflamación de las meninges del cerebro), y la epiglotitis, que es la inflamación de la epiglotis en la garganta y que puede bloquear las vías respiratorias. «La influenza no es solo un resfriado fuerte; es una enfermedad potencialmente grave que puede tener consecuencias fatales si no se previene con la vacunación», afirma la Dra. Molina.
Finalmente, la vacunación contra el neumococo es crucial para prevenir la neumonía, una infección pulmonar que puede ser especialmente peligrosa en niños pequeños. «El neumococo es una de las principales causas de neumonía en los niños, y la vacunación es nuestra mejor defensa contra esta enfermedad», subraya la Dra. Molina.
Vacuna contra el virus respiratorio sincitial (VRS)
Un avance reciente en la vacunación es la aprobación de la vacuna contra el virus respiratorio sincitial (VRS), llamada ‘Nirbhar’. Esta vacuna, que está entrando en su segunda temporada, está dirigida a niños con condiciones específicas, como aquellos que dependen de oxígeno o tienen problemas pulmonares. Estos niños son considerados candidatos para recibir esta dosis debido a su mayor vulnerabilidad al VRS, que causa bronquiolitis, una inflamación de los bronquiolos en los pulmones.
«La bronquiolitis es especialmente peligrosa en bebés menores de seis meses, pudiendo llevarlos a cuidados intensivos con soporte respiratorio», explica la Dra. Molina, enfatizando la importancia de esta nueva vacuna para proteger a los más vulnerables.
Mitos y realidades sobre las vacunas
En el ámbito de la vacunación, es común encontrar mitos y malentendidos que pueden generar preocupación en los padres. Uno de los mitos más persistentes es la idea de que las vacunas causan autismo. «No existe evidencia científica que demuestre que las vacunas causan autismo», afirma categóricamente la Dra. Molina. Este mito surgió de un estudio publicado en la década de 1990 que afirmaba haber encontrado una correlación entre el autismo y las vacunas.
Sin embargo, «la revista que publicó el estudio tuvo que retractarse después de descubrir que la investigación no fue realizada con rigor científico», aclara la doctora. El hecho de que el autismo se diagnostique en los primeros cinco años de vida, un periodo en el que los niños reciben muchas vacunas, ha llevado a algunas personas a correlacionar las dos cosas, pero esto no significa que una cause la otra.
Otro mito común es que las vacunas contienen metales peligrosos. «En caso de contener metales, las cantidades son extremadamente pequeñas y se consideran seguras para el ser humano», explica la Dra. Molina. Las vacunas pasan por procesos de investigación muy rigurosos antes de ser aprobadas para su uso en la población, y cualquier componente utilizado en su formulación es cuidadosamente evaluado para garantizar su seguridad.
Finalmente, está la idea de que las vacunas no son necesarias si el niño está sano. Esta creencia es peligrosa, ya que la salud de un niño puede cambiar rápidamente, y las vacunas proporcionan una protección preventiva que es crucial. «Las vacunas son necesarias para todos los niños, independientemente de su estado de salud actual, porque contribuyen a la inmunidad colectiva de la comunidad, lo que protege a quienes no pueden vacunarse», destaca la Dra. Molina.
Es fundamental que los padres se mantengan al día con el calendario de vacunación de sus hijos y que consulten con su pediatra si hay algún retraso. «Si su hijo está atrasado en el calendario de vacunación, es importante hablar con su pediatra para evaluar cómo completar el itinerario de vacunas», recomienda la Dra. Molina. Aunque es posible espaciar las vacunas por un período más largo, esto no es lo ideal. Las vacunas están programadas para proteger al niño cuando está más en riesgo de contraer ciertas enfermedades y para sincronizar la vacunación con el desarrollo del sistema inmunológico del niño.
Otro aspecto a considerar es la administración de varias vacunas en una sola visita. «Existe la creencia de que recibir varias vacunas en una visita puede ser abrumador para el sistema inmunitario del niño, pero la realidad es que no lo es», asegura la Dra. Molina. Los niños se exponen a millones de bacterias diariamente, y su sistema inmunológico está perfectamente capacitado para manejar la administración de varias vacunas juntas.
En cuanto a vacunar a un niño que está enfermo, la Dra. Molina aclara que «si la enfermedad es leve, como un resfriado o una gastroenteritis leve, generalmente no hay problema en vacunarlo». Sin embargo, siempre es recomendable que el pediatra lo evalúe antes de proceder con la vacunación para asegurarse de que es seguro en cada caso individual.
Una preocupación frecuente entre los padres es la posibilidad de que su hijo contraiga la enfermedad a través de la vacuna. «Es importante aclarar que las vacunas generalmente utilizan partículas inactivas del organismo, no el organismo vivo», explica la Dra. Molina. Aunque algunas vacunas atenuadas, como la de la varicela, pueden causar síntomas leves como un sarpullido, estos síntomas no son graves y desaparecen rápidamente. Los beneficios de la vacunación superan con creces los riesgos de contraer las enfermedades que previenen.
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