Compasión archivos - BeHealth https://www.behealthpr.com/tag/compasion/ Tu conexión con la salud Fri, 21 Jun 2024 23:34:32 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 https://www.behealthpr.com/wp-content/uploads/2020/04/cropped-BE-16-1-32x32.png Compasión archivos - BeHealth https://www.behealthpr.com/tag/compasion/ 32 32 Lo mejor y lo peor de nosotros… https://www.behealthpr.com/lo-mejor-y-lo-peor-de-nosotros/ Fri, 21 Jun 2024 21:57:29 +0000 https://www.behealthpr.com/?p=68352 Como últimamente no he tenido mucho tiempo para leer, estoy escuchando un audiolibro titulado “Cuchillo: meditaciones después de un intento de asesinato” del escritor Salman Rushdie. Y ni es una novela, ni son realmente meditaciones. Es el recuento del intento de asesinato al cual sobrevivió el autor en el 2022, cuando, justo antes de ofrecer …

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Como últimamente no he tenido mucho tiempo para leer, estoy escuchando un audiolibro titulado “Cuchillo: meditaciones después de un intento de asesinato” del escritor Salman Rushdie. Y ni es una novela, ni son realmente meditaciones. Es el recuento del intento de asesinato al cual sobrevivió el autor en el 2022, cuando, justo antes de ofrecer una conferencia en Nueva York, un joven musulmán logró subir al escenario y lo acuchilló causándole heridas graves en varias partes del cuerpo y la pérdida de un ojo. Es un milagro que a sus setenta y seis años esté vivo para contarlo. 

Pero este no fue el primer atentado contra la vida de Rushdie. Hubo uno en el 1989 cuando otro musulmán extremista trató de detonar una bomba en el hotel en el cual el escritor se estaba hospedando en Londres, destruyendo dos pisos de la estructura. Pero en esta ocasión Rushdie salió ileso. ¿Y qué hizo este hombre para ganarse tanto odio? Todo comenzó en 1988 cuando Rushdie escribió “Los versos satánicos”, novela que muchos musulmanes catalogaron como un ataque irreverente a la figura de Mahoma. El líder supremo de los musulmanes en aquel momento pidió la ejecución de Rushdie e inclusive se ofreció una recompensa a quien lo capturara. Salman Rushdie vivió años escondido y temiendo por su vida.  

Lo que jamás imaginó es que treinta y dos años más tarde, alguien iba a intentar asesinarlo de nuevo y casi lograrlo. Rushdie especula que tal vez era un joven buscando notoriedad porque, después de todo, ya la controversia por sus “Versos satánicos” se disipó hace décadas. Pero lo cierto es que este incidente ha transformado su vida.  El análisis existencial que el autor hace en “Cuchillo” de cada aspecto de ese día, de lo que sintió, de lo que vivió, y de lo que sigue viviendo, me ha tocado profundamente. Y hubo algo que mencionó que me hizo querer compartir esta historia con ustedes. 

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Tan pronto un guardia de seguridad se llevó al agresor, comenzaron a subir al escenario muchas personas, la mayoría de ellas desconocidas para Rushdie, que intentaban en medio del caos de mantenerlo con vida en lo que llegaban los paramédicos. Aunque admite no recordar todo lo que escuchaba, si pudo, a pesar del trauma físico y emocional que estaba viviendo en aquel momento, guardar en su memoria algunas de las palabras de los que lo rodearon. Hoy reconoce que está vivo gracias a estas personas. Y su gran revelación fue descubrir cómo en cuestión de minutos él experimentó lo peor y lo mejor de la humanidad.  Vio lo peor en el odio, el egoísmo, y la soberbia de un hombre que, sin conocerlo, quiso acabar con su vida.  Y vio lo mejor en los actos de compasión y generosidad de esos que llegaron a tratar de rescatarlo, sobre todo de ese amigo que se abalanzó sobre el agresor, arriesgando su propia vida, para quitárselo de encima.  

Y sí, así vivimos, en un planeta donde encontramos lo peor y lo mejor; la capacidad para gran destrucción y para gran sanación; donde hemos visto generarse tanto odio, y a la misma vez manifestarse el poder del amor incondicional. 

No vayamos lejos, como bien dice la Ley de Correspondencia, “como es afuera es adentro y como es adentro es afuera”, no es solo allá afuera “en el mundo” que encontramos el bien y el mal. Ambos están también dentro de nosotros mismos.   Por eso es que tenemos que practicar el autoconocimiento, aprender a vivir conectados a nuestras emociones, las positivas y las negativas, para reconocer de dónde vienen. Si las pillamos a tiempo, si podemos reconocer que ese resentimiento se puede transformar en odio, podemos detenernos y negarnos a echarle abono a ese pensamiento/emoción negativa. 

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No permitas que lo peor en ti eche raíces, enfócate en germinar  compasión, empatía, generosidad y perdón. No te sientas culpable si en algún momento te ha cruzado un pensamiento egoísta o le has deseado mal a otros, es completamente normal que nos ocurra a veces, lo importante es que detengamos ese pensamiento ahí, lo reconozcamos y lo podamos sustituir por un “Te bendigo…y te dejo ir”. Sé siempre lo mejor que puedas ser y estarás creando circunstancias maravillosas para ti y los tuyos.   

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Sanando al estilo japonés  https://www.behealthpr.com/sanando-al-estilo-japones/ Sun, 17 Sep 2023 09:17:45 +0000 https://www.behealthpr.com/?p=54327 Hace unos días entrevistaba al cirujano vascular Dr. Jorge Martínez Trabal con motivo de la publicación de su primer libro

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Hace unos días entrevistaba al cirujano vascular Dr. Jorge Martínez Trabal con motivo de la publicación de su primer libro sobre el estado del sistema de salud en Puerto Rico. En su obra él menciona la llamada “filosofía Kintsugi” y como aplicaría al intentar mejorar este sistema de salud que sabemos que está atravesando por un momento crítico.

Yo había leído hace mucho tiempo sobre esta filosofía japonesa, y creo que no es casualidad que vuelva a escuchar de ella en estos momentos en los cuales la salud mental está tan quebrantada no solo en nuestro país, sino en el mundo entero. La palabra “Kintsugi” en japonés significa “reparar con oro” y es una técnica que se remonta al siglo 15. Se pone en práctica cuando alguna pieza de cerámica se rompe, y, en vez de desecharla, se vuelven a pegar las piezas, y las grietas que quedan a raíz de la ruptura, son rellenadas con laqueado mezclado con oro, plata o platino. El resultado es una obra de arte que, si bien jamás va a ser igual a la pieza original, refleja de una manera hermosa y creativa la historia de ese objeto. Un día se rompió, pero hoy permanece.

La filosofía del “kintsugi” va de la mano de otra práctica japonesa, conocida como “wabi-sabi” definido como el acto de encontrar y celebrar la belleza en la imperfección. La mayoría de nosotros nos hemos roto en algún momento. Hay heridas que son visibles, pero la realidad es que la mayoría de ellas solo las conocen quienes las llevan por dentro. La oportunidad de hacer “kintsugi” emocional nos permitiría entonces transformar esos espacios que han roto, esas heridas que nos quedan, en homenajes a nuestra capacidad de resiliencia, de sanación, y de renacimiento luego de habernos quebrado de alguna forma. Ojalá los seres humanos pudiésemos pintar con dorado o plateado nuestras grietas. Pero la cosa es más complicada para nosotros. Eso no quiere decir que no se pueda.

Conozco personas que han sufrido pérdidas tan desgarradoras que me hacen pensar que si yo las hubiese atravesado jamás me hubiese levantado. Sin embargo, ellas están de pie, viviendo vidas plenas, con propósito, y felices. ¿Cómo lo hacen? Estudios indican que entre las características principales de estas personas están su capacidad de mantener a su alrededor grupos de apoyo, amistades, o familiares, que le dan significado a sus vidas. Generalmente estas personas, aún todavía cargando sus heridas, tienden a no vivir en ellas. Las han pintado de dorado creando un presente que hace sentido y le han abierto la puerta a la alegría a pesar de lo vivido en el pasado.

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Leí una entrevista realizada a restaurador de “kintsugi” de nombre Hiroki Kiyokawa en la cual él afirmaba que creer que todas las cosas (incluyendo nosotros) fuimos creados para “rompernos” en algún momento. “Pienso que estar roto o defectuoso nunca debe ser algo malo”, dijo. “Nuestras imperfecciones pueden ser el nacimiento de algo nuevo.” Poderosas palabras ¿no creen? El problema es que en ocasiones se nos hace más fácil obviar las imperfecciones de otros viéndolos a través de la compasión y la empatía, que reconocer y soltar las nuestras.

El “kintsugi” emocional requiere autoconocimiento, pero sobre todo autocompasión. Y no confundamos el ser “autocompasivos” con sentirnos víctimas. La víctima no transforma creativamente sus heridas, sino que, por el contrario, se convierte y muchas veces se esconde en ellas. El practicar la compasión con nosotros mismos nos permite vernos objetivamente y reconocer aquello que todavía no ha sanado y que, por lo tanto, está afectando adversamente nuestra salud emocional y nuestras relaciones interpersonales. En otras palabras, nos está haciendo infelices. Y la infelicidad es el resultado inevitable de fracturas emocionales que no hemos podido identificar, sanar o ambas.

La vida es un constante fluir entre pérdidas y ganancias. Todos vamos a sufrir algo algún día. Pero ni el momento más difícil, ni la alegría más grande son permanentes. Todo cambia todo el tiempo. Aprendamos a identificar esas heridas para transformarlas en arte sintiéndonos orgullosos de lo que hemos crecido, vivido y reído a pesar de ellas. Bañándolas en brillo y color estaremos dando nuestro primer paso hacia la sanación. Gracias al “kintsugi” por recordarme de lo que somos capaces.

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Dime de dónde vienes… https://www.behealthpr.com/dime-de-donde-vienes/ Fri, 27 Jan 2023 22:03:15 +0000 https://www.behealthpr.com/?p=41725 Entiendo que todos estamos claros en que nuestras circunstancias de vida forman parte de la materia prima de la cual estamos construidos. Y por circunstancias de vida me refiero a lo que recibimos en nuestro proceso de crianza; los ejemplos que hemos tenido a nuestro alrededor, y las experiencias por las cuales hemos ido atravesando. …

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Entiendo que todos estamos claros en que nuestras circunstancias de vida forman parte de la materia prima de la cual estamos construidos. Y por circunstancias de vida me refiero a lo que recibimos en nuestro proceso de crianza; los ejemplos que hemos tenido a nuestro alrededor, y las experiencias por las cuales hemos ido atravesando. Todo forma parte de quienes somos, de lo que sentimos y hasta de como reaccionamos. Una vez aprendí de un gran maestro espiritual que aquellas actitudes tuyas que te hacen sufrir y te roban felicidad no vinieron contigo de fábrica, y eso quiere decir que de la misma forma que las recogiste en el camino, también las puedes soltar. A veces necesitamos ayuda para reconocerlas y dejarlas ir, pero de que es posible, es posible. Solo así podemos transformar la victimización en responsabilidad por lo que nos toca.

Lo que a veces se hace más difícil es usar esa misma fórmula, la de identificar de donde vienen, con personas a nuestro alrededor cuyo comportamiento nos hiere o nos ha herido. Ellos también tienen su historia, y esa historia los ha formado para bien o para mal. Hace unos días conversaba con una amiga acerca de su relación con su madre. Esta conversación no solo la ayudó a ella a descubrir elementos que no había visto, sino que también me recordó a mí aspectos de mi propia madre que a veces olvido y me llevan a impacientarme con ella.

Comencemos por la relación entre mi amiga y su madre. Ella recuerda que a pesar de que siempre ha sido una buena madre, también fue seca y poco cariñosa. Para esa hija, hay una herida que todavía parece seguir abierta, y esa fue la infligida por la falta de apoyo que recibió de su progenitora cuando quiso estudiar comunicaciones en vez de ciencias. Su padre la apoyó en todo momento, pero la madre siempre se enfocó en la inseguridad económica que representaría el campo de las comunicaciones. Conversando con ella, le hice una pregunta sencilla: “¿y de dónde vino tu madre?” En ese momento esta mujer, hoy una exitosa profesional de las comunicaciones, se fue en un viaje en el tiempo. Recordó como esa madre tuvo pérdidas significativas cuando era joven y tuvo que hacerse cargo de sus hermanos a temprana edad; de la difícil situación económica en la cual se crío; del sueño que tenía de estudiar medicina, el cual fue tronchado ante su necesidad de comenzar a generar ingresos lo más rápido posible.

Recordó también lo creativa que siempre fue su madre, lo buena que era en el diseño y la costura y lo mucho que los disfrutaba. Recordando de donde vino “mami” de repente pudo descubrir que el rechazo a su decisión de estudiar comunicaciones y su aparente falta de validación no tenía nada que ver con ella como hija y todo que ver con el miedo de que su hija experimentara la inseguridad económica que ella había tenido que enfrentar. Además, posiblemente veía sus propias metas realizadas en una hija con una carrera en las ciencias. Eso la tiene que haber decepcionado, pero no por su hija, sino por ella. Y esa mirada al pasado materno también le recordó que compartían una vena de creatividad que en el caso de su madre nunca se manifestó.

La conversación con mi amiga me recordó lo que me dijo mi madre cuando, a mis veintiséis años, le dejé saber que había tomado la decisión de divorciarme de mi primer esposo. Yo pensaba que iba a tratar de convencerme de que no lo hiciera. Después de todo, me iba a convertir en el primer divorcio de la familia. Pero sus palabras fueron: “Tal vez tú estás dando el grito que yo nunca he podido dar.” Sé que no era lo que ella hubiese querido para mí, pero sentí que entendió.

De la misma forma, mi amiga posiblemente ha dado “gritos” y tomado decisiones en su vida que su madre nunca pudo dar o tomar. Y al poner en perspectiva ese pasado materno, puede comenzar a sanar heridas viejas y a practicar el perdón a través de la compasión y la empatía hacia esa madre que tanto la ha amado, aún cuando no siempre ha sabido demostrarlo. Si quieres dar el primer paso en un proceso de perdón, comienza por preguntarte de donde vino esa persona que te hirió. La idea no es justificar lo que hicieron, sino tratar de entender que la gente da lo que puede dentro de sus circunstancias. Bendice, genera compasión, y deja ir. Y ya comenzaste a perdonar.

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Este duelo es mío…. https://www.behealthpr.com/este-duelo-es-mio/ Fri, 15 Oct 2021 21:39:10 +0000 https://www.behealthpr.com/?p=19712 La pérdida reciente de una tía muy querida me ha vuelto a evidenciar las formas tan diferentes en que los seres humanos procesamos el duelo. Como tanatóloga o persona que trabaja con los procesos de aquellos que se enfrentan a la enfermedad, la muerte, y el duelo, la manera en que reaccionamos ante las pérdidas siempre …

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La pérdida reciente de una tía muy querida me ha vuelto a evidenciar las formas tan diferentes en que los seres humanos procesamos el duelo. Como tanatóloga o persona que trabaja con los procesos de aquellos que se enfrentan a la enfermedad, la muerte, y el duelo, la manera en que reaccionamos ante las pérdidas siempre ha sido algo fascinante para mí.  He aprendido sobre la marcha algo que quisiera compartir con ustedes: que el duelo es algo sumamente personal y no debemos juzgar a otros por la forma en que manifiestan o dejan de manifestar su dolor

Mi tía era la menor de tres hermanas. Mi madre, la hermana del medio, siempre ha sido una roca.  Han sido pocas las veces en que he visto a mi madre llorar a pesar de que ha tenido pérdidas sumamente significativas en su vida.  Tal vez llora cuando está a solas, no lo sé, pero frente a nosotros, en raras ocasiones. Y en estos momentos en que ha perdido a su hermana menor, la que hubiese cumplido este mes sus setenta y nueve años, la respuesta ha sido la misma: poco llanto, y una aparente gran fortaleza ante el dolor, fortaleza que ella atribuye a su fe. 

Mi otra tía, la mayor de las hermanas, no ha parado de llorar, y estoy segura que le va a tomar mucho tiempo procesar todo esto. Hace unos días se fue sola para su cuarto y cuando una de sus hijas la fue a buscar, la encontró llorando solita.  Mi prima trató de consolarla y la respuesta de mi tía fue “Dame mi espacio. Yo necesito llorar.”  Ambas amaron a su hermana entrañablemente, pero cada una de ellas la extraña a su manera.  Yo, en ese sentido, me parezco más a mi tía que a mi mamá. Lloro a cada rato y por momentos me parece que en cualquier momento va a sonar el celular y va a ser mi Titi Annie, para preguntarme a que hora es la cita médica que tiene esta semana y soy yo la que la voy a llevar.  El sentimiento me llega a veces como una ola, cuando menos lo espero. Pero sé, porque lo he estudiado, que es algo normal.  

El dolor de una pérdida siempre se queda con nosotros, pero se va transformando con el tiempo. Cuando perdí a papi hace seis años ya, fue lo mismo. Me sigue haciendo mucha falta, pero no lloro todo el tiempo ni siento como si me faltara un pedazo, que era como me sentía en aquel momento. Hay veces que personas me llaman preocupadas por una amiga o un familiar que no para de llorar o de hablar acerca de la persona fallecida.  Mi primera pregunta siempre es “¿Cuánto tiempo ha pasado?”.  

Dicen los expertos que nos toma cerca de un año procesar una pérdida significativa. Pero eso no significa que al año el dolor desaparece.  Lo que quieren decir es que después de un año una persona debe haber podido comenzar a reconstruir su vida, a haber encontrado un propósito, y a ser productiva.  El que alguien llore o hable de ese ser que partió no significa que está en una depresión profunda. Está trabajando en su duelo. Es parte del proceso. Si pasa el tiempo, sin embargo, y notan que esa persona se está desconectando de los demás y de su realidad; si ha verbalizado que no quiere vivir; si no parece poder disfrutar de nada a su alrededor, tal vez sea necesario buscar ayuda para apoyarla en ese estancamiento dentro del proceso. 

Mientras tanto, que lloren los que deseen llorar; que oren aquellos que encuentran en la oración su consuelo; que nos abracemos aquellos que necesitamos en esos abrazos el apoyo de otros; y que se encierren aquellos que no desean ni ver ni hablar con nadie. El dolor ante la pérdida es algo individual y cada cual debe tener la libertad de trabajarlo a su manera.  Seamos compasivos con aquellos que no lo procesan igual que nosotros aún cuando no entendamos el porqué.  Esa capacidad de apoyo ante reacciones diferentes a las nuestras siempre será una de las formas más poderosas de amar.

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