Qué pueden hacer las empresas contra el síndrome del impostor en el ámbito laboral
Imagina levantarte cada día con la sensación de que todo lo que has logrado es pura suerte, que en cualquier momento alguien descubrirá que no eres tan bueno como creen. Eso es lo que siente alguien que padece el síndrome del impostor. Es una lucha silenciosa que, aunque no siempre se ve, afecta a millones de trabajadores y puede tener un impacto devastador tanto en su bienestar como en el éxito de una empresa.
El síndrome del impostor, definido en 1978 por Pauline Clance y Suzanne Imes, no distingue edades, géneros ni niveles profesionales. Afecta especialmente a personas altamente exigentes, brillantes estudiantes, mujeres y minorías en entornos competitivos. Según Affor Health, el 80% de las personas lo han experimentado alguna vez, y el ámbito laboral suele ser el escenario donde más se manifiesta.
El impacto del síndrome del impostor en el trabajo
En un equipo de trabajo, el síndrome del impostor puede parecer invisible, pero sus consecuencias son profundas:
- Inseguridad constante: Aunque sean competentes, los trabajadores dudan de sí mismos, lo que les impide asumir nuevos retos o roles de liderazgo.
- Exceso de perfeccionismo: Muchas veces, esta autocrítica los lleva a trabajar más horas de las necesarias y a sentirse agotados.
- Falta de colaboración: El miedo a “no estar a la altura” frena la confianza y dificulta el trabajo en equipo.
Y esto no solo afecta a la persona que lo padece. Un empleado que duda de sus capacidades puede frenar el ritmo de todo el equipo, generar tensiones y, a largo plazo, disminuir la productividad. Si las empresas no toman medidas, este problema silencioso puede convertirse en un obstáculo significativo.
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¿Cómo pueden las empresas marcar la diferencia?
Superar el síndrome del impostor no es solo tarea del individuo. Las empresas tienen un papel fundamental para crear un entorno donde sus empleados puedan sentirse seguros, valorados y capaces de dar lo mejor de sí mismos. Estas son algunas estrategias que pueden marcar la diferencia:
1. Reconocer y celebrar los logros
Todos necesitamos, de vez en cuando, un recordatorio de que estamos haciendo las cosas bien. Reconocer el esfuerzo y los logros de los empleados, no solo con palabras sino también con acciones, refuerza la confianza en sí mismos y los motiva a seguir creciendo.
2. Crear un entorno de confianza y colaboración
Un ambiente laboral saludable no debería fomentar la competencia tóxica, sino la cooperación. Cuando los empleados saben que pueden contar con sus compañeros y líderes, el miedo al error disminuye y se atreven a dar pasos más grandes.
3. Facilitar apoyo psicológico
Hablar de salud mental en el trabajo ya no es un tabú, y no debería serlo. Ofrecer asesoría psicológica o recursos de bienestar no solo ayuda a quienes enfrentan el síndrome del impostor, sino que crea una cultura de cuidado donde todos se sienten respaldados.
4. Fomentar el aprendizaje continuo
Equivocarse no es fracasar, es aprender. Invertir en la formación y en el desarrollo de habilidades blandas como la resiliencia, la gestión del estrés y la toma de decisiones puede ser un punto de inflexión para los empleados. Saber que tienen espacio para crecer sin miedo al error les da la confianza para enfrentar desafíos.
Más que una solución, una oportunidad
Cuando las empresas adoptan estas medidas, los beneficios van más allá de solucionar un problema puntual. Mejoran el ambiente laboral, fortalecen las relaciones entre los equipos y, lo más importante, hacen que las personas se sientan valoradas. Como dice Yunue Cárdenas, de Affor Health: “Un entorno de trabajo positivo no solo ayuda a prevenir el síndrome del impostor, sino que también atrae el mejor talento y garantiza la sostenibilidad de la empresa a largo plazo”.
El síndrome del impostor puede ser un enemigo silencioso en el mundo laboral, pero no tiene por qué serlo. Las empresas tienen el poder de transformar esta inseguridad en una oportunidad para crecer, tanto a nivel individual como colectivo. Porque, al final, un equipo que cree en sí mismo es el motor que lleva a cualquier organización al éxito. ¿Y qué mejor inversión que confiar en las personas que hacen posible todo?
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