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El derecho a la desconexión digital, una necesidad para cuidar nuestra salud en el trabajo

Vivimos en una era donde el trabajo ya no termina cuando salimos de la oficina. Los correos, las llamadas y los mensajes siguen llegando, y nuestros teléfonos y computadoras nos mantienen conectados al trabajo las 24 horas del día. Aunque la tecnología nos ha traído grandes beneficios, también ha difuminado los límites entre la vida laboral y personal, lo que puede afectar gravemente nuestra salud y bienestar.

Por eso, cada vez se habla más del derecho a la desconexión digital: la posibilidad de “apagar” el trabajo fuera del horario laboral sin sentir culpa ni miedo a represalias. Este derecho es esencial para mantener un equilibrio entre nuestras responsabilidades laborales y nuestra vida personal. Sin embargo, a pesar de su importancia, muchas personas aún sienten que no pueden desconectar, lo que está generando problemas de salud física y mental que no podemos ignorar.

¿Qué es el derecho a la desconexión digital?

El derecho a la desconexión digital es básicamente el derecho a no estar disponible para cuestiones laborales fuera del horario de trabajo. En otras palabras, es la posibilidad de no contestar correos, llamadas o mensajes relacionados con el trabajo durante tus horas de descanso, vacaciones o fines de semana. Se trata de proteger ese tiempo libre que necesitamos para recargar energías, pasar tiempo con nuestras familias y cuidar de nosotros mismos.

Este derecho no es algo nuevo. En países como Francia, por ejemplo, ya se ha convertido en ley desde 2017. Otras naciones han comenzado a seguir su ejemplo, reconociendo que estar disponible todo el tiempo no es sostenible y puede tener consecuencias muy negativas para la salud de los empleados.

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¿Por qué es importante desconectar?

La pandemia de COVID-19 y el auge del teletrabajo han hecho que la línea entre trabajo y vida personal se difumine más que nunca. Aunque trabajar desde casa nos ha permitido ser más flexibles, también ha creado la sensación de que estamos «siempre conectados». Para muchos, esto significa que el trabajo nunca termina, lo que puede aumentar el estrés y la ansiedad.

Cuando no desconectamos, nuestra mente no tiene tiempo para descansar, lo que nos lleva a sufrir problemas como el insomnio, la fatiga crónica, e incluso el burnout (agotamiento extremo). Y, aunque podría parecer que estar disponible las 24 horas aumenta la productividad, en realidad tiene el efecto contrario: el cansancio mental reduce nuestra capacidad para concentrarnos y ser creativos, lo que afecta la calidad de nuestro trabajo.

Además, este tipo de presión constante no solo afecta nuestra salud mental, sino también nuestras relaciones personales. Si siempre estamos pendientes del teléfono por temas de trabajo, dejamos de estar presentes en los momentos importantes de nuestra vida, como disfrutar de una cena en familia, leer un libro o simplemente relajarnos. La desconexión no es un capricho; es una necesidad para mantener un balance saludable en nuestras vidas.

El papel de las empresas y las leyes

El derecho a desconectar no es solo un tema de responsabilidad individual. Las empresas y los gobiernos también juegan un papel clave en garantizar que los trabajadores puedan ejercer este derecho sin miedo. En muchos lugares, las empresas están empezando a darse cuenta de que el bienestar de sus empleados es fundamental para su éxito a largo plazo. Un trabajador agotado y estresado no es productivo, y a la larga, la falta de desconexión puede generar más problemas que beneficios.

Por ejemplo, algunas empresas han adoptado políticas que prohíben enviar correos electrónicos fuera del horario laboral o que fomentan el uso de horarios flexibles que respeten los tiempos de descanso. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para que estas políticas se generalicen y sean efectivas.

En cuanto a los gobiernos, la creación de leyes que garanticen el derecho a la desconexión es crucial para proteger a los trabajadores. Estas leyes no solo deben contemplar la desconexión en trabajos de oficina, sino en todas aquellas profesiones donde el contacto digital constante se ha vuelto la norma. A largo plazo, regular la hiperconectividad no solo beneficia a los empleados, sino también a las empresas, que tendrán una fuerza laboral más sana y comprometida.

¿Cómo podemos empezar a desconectar?

A nivel personal, ejercitar el derecho a la desconexión puede ser complicado, especialmente si no tenemos el apoyo necesario en nuestro entorno laboral. Sin embargo, hay pequeñas acciones que podemos tomar para empezar a separar el trabajo de nuestra vida personal.

  1. Establece límites claros: Define tu horario laboral y comunícalo a tu equipo. Si trabajas desde casa, evita responder correos o mensajes fuera de ese horario.
  2. Desactiva las notificaciones: Durante tus momentos de descanso, apaga las notificaciones relacionadas con el trabajo en tu teléfono o computadora. No necesitas estar disponible todo el tiempo.
  3. Habla con tus compañeros o supervisores: Si sientes que te exigen estar disponible fuera de tu horario laboral, ten una conversación honesta con tu jefe o tus colegas sobre la importancia de respetar los tiempos de descanso.
  4. Prioriza el autocuidado: Aprovecha tu tiempo libre para actividades que te relajen y te ayuden a desconectar mentalmente, como hacer ejercicio, leer, estar en la naturaleza o simplemente pasar tiempo con tus seres queridos.

El derecho a la desconexión digital no es solo una opción para mejorar la calidad de vida de los empleados, sino una necesidad en el mundo moderno. Proteger el tiempo personal es fundamental para preservar nuestra salud física y mental, y para evitar que la tecnología, que tanto nos facilita la vida, se convierta en una fuente de estrés.

Tanto empresas como gobiernos tienen la responsabilidad de reconocer este derecho y tomar medidas concretas para garantizar que los trabajadores puedan desconectar y recuperar su equilibrio. Al final del día, una persona descansada y mentalmente sana será más feliz, más productiva y capaz de aportar más valor, tanto en su vida personal como profesional.

Desconectar no significa desinteresarse del trabajo, sino entender que para ser realmente efectivos, necesitamos tiempo para recargarnos y volver con energía renovada. El desafío está en encontrar el equilibrio adecuado, y ese equilibrio comienza reconociendo que merecemos y necesitamos desconectar.

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Redacción BeHealth

Grupo multimedios especializado en promover la preservación de la salud física, mental y emocional.

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