Cuando el retiro duele
La conversación surgió de forma espontánea. Éramos tres pacientes, dos féminas y un varón, esperando para terapia física en la oficina de la fisiatra. No estoy segura de cómo surgió el tema, pero de repente los otros dos pacientes en la sala de espera comenzaron a compartir experiencias acerca de lo difícil que había sido tener que incapacitarse, y en el proceso retirarse de sus trabajos, siendo todavía muy jóvenes. Yo, como siempre, los entrevisté sin ellos saberlo.
El caballero era dueño de su propio negocio, y una cadena de eventos que incluyó una condición de salud inesperada y varias pérdidas, lo llevó a perderlo todo y a incapacitarse. Ella había sido maestra durante treinta años, pero tenía cuarenta y tantos cuando tuvo que retirarse también no estando lista para hacerlo. Ambos compartieron lo difícil que había sido el proceso. En el caso de la maestra retirada confesó que tuvo que buscar ayuda sicológica para poder enfrentarse a esa nueva etapa en su vida. Le encantaba su trabajo y se sentía perdida al no tenerlo.
Hace muchos años aprendí que el término correcto para “retiro” debe ser “jubilación”. El retiro suena a aislamiento, a separación y a pérdida, mientras que la jubilación es sinónimo de celebración ante una nueva etapa de la vida. Y lo cierto es que son muchos los que esperan con ansias locas que les llegue ese momento para comenzar a “vivir” y completar proyectos que desde hace tiempo vienen posponiendo. Pero no siempre es así.
He tenido clientas de coaching que han llegado a buscar ayuda meses antes de su fecha de jubilación porque el solo pensar en que van a dejar de trabajar les causa gran ansiedad. Y aún entre aquellos que desean este cambio, en ocasiones la realidad con la cual se enfrentan después es muy diferente a lo que esperaban. En otras palabras, que depende del cristal a través del cual lo estás mirando, el retiro puede ser una liberación cargada de júbilo o una pérdida significativa.
De la misma forma en que se han identificado cinco etapas por las cuales la mayoría de las personas atravesamos luego de una pérdida, también se pueden enumerar cinco etapas dentro del proceso de la jubilación. A la primera se le denomina el “pre-retiro”. Esta dependerá grandemente de cuán preparados estemos económica y emocionalmente para ese momento. A mayor preparación, mayor anticipación y expectativas positivas ante esa nueva etapa. Para otras personas, resulta un momento marcado por dudas y mucha ansiedad acerca de lo que viene.
La segunda etapa empieza el día del retiro o jubilación. Los expertos lo describen como una “luna de miel” porque la persona de repente se encuentra liberada y con tiempo para hacer muchas cosas que tenía pendientes y reconectarse con amistades y seres queridos. Pero si no se han preparado emocionalmente para unas vacaciones a largo plazo, pueden entrar en la tercera etapa que sería la del “desencanto”.
Aquí de repente la persona puede sentir soledad o aburrimiento, especialmente cuando se retira más temprano que sus amistades o cuando esas amistades eran en su mayoría compañeros de trabajo con los cuales no puede compartir ahora con la misma frecuencia. Pero esta etapa puede ser transitoria, y comienza a transformarse cuando se entra en la cuarta, la de “reorientación”.
Esta es la fase en la cual el retirado(a) comienza a construir una nueva identidad, va encontrando actividades que le apasionan; talentos que no sabía que tenía; descubre un nuevo propósito y hasta nuevas profesiones aún dentro de su retiro. Y es entonces que alcanza esa llamada “reconciliación y estabilidad”. Claro, esa estabilidad va a depender en gran medida de cuánto nos hemos cuidado en términos de salud. De ahí la importancia de la prevención y de comenzar temprano a tratarnos condiciones y adoptar estilos de vida más saludables. De esa forma llegaremos finalmente a disfrutar de una jubilación libre de traumas y achaques mayores. Comencemos hoy a construir la calidad de vida que queremos para el futuro.